Votemos el domingo. Porque de este lado de la acera no se admite un dedo único

Seguramente seremos, para nuestra propia sorpresa, una sociedad muy distinta a partir del próximo domingo. Habremos ejercitado nuestros dedos para poner en práctica nuestra convicción democrática. Serán nuestros muy ciudadanos dedos quienes elijan, libremente, quiénes habrán de ser los candidatos a los procesos electorales que se avecinan este año y en 2013.

Hay experiencias parecidas, pero iguales a ésta no. Las primarias de la Unidad constituyen un hito en nuestra conciencia. Una marca indeleble y maravillosa en nuestra manera de poner a funcionar los engranajes de la democracia. ¡Vaya si en la acera de enfrente el asunto es diametralmente distinto! Allá los candidatos son designados, "dedificados", no elegidos. El Jefe máximo con su dedo puntiagudo, cual dios del Olimpo, decide. No se produce ni tan siquiera un asomo de consulta. No se llega a esa escogencia por la búsqueda de un consenso. No. Allá el Jefe apunta su dedo. Allá no son dedos de ciudadanos los que seleccionan. Allá es el dedo de uno, solo de uno. Y es tal ya la adicción al autoritarismo desfachatado, que los escogidos se enteran por sorpresa, muchas veces en una cadena o en una llamada nocturna a un programa de televisión.

No vamos a hacer pronósticos numéricos sobre los resultados de las primarias de la Unidad. Eso podría sonar pedante. Dios nos libre de caer en la egolatría. Nos atrevemos sí a afirmar que cambiaremos, que ya nunca más seremos iguales, para bien. Las enfermedades que sufre nuestra democracia sólo se curan con medicamentos democráticos. Eso estamos haciendo. Las primarias son remedios para una democracia caída en desgracia y aquejada por dolencias que le fueron contagiadas por el autoritarismo en el que algunos creen y hay uno en particular que lo practica. Curaremos al enfermo. El domingo le inyectaremos una sobredosis del mejor medicamento ciudadano.

La gente anda entusiasmada. Hemos entendido que preocuparnos sin ocuparnos no sirve para nada. Un chileno amigo me comenta que así se sentía su país la víspera de aquel momento cuando con votos y sin botas terminarían derrotando a la antidemocracia. Me apunta que al día siguiente de las primarias sentiremos un gozo estupendo, una alegría sabrosa, que nos satisfará la convicción del inteligente deber cumplido. Le respondo que las primarias son apenas una puerta, que hay todavía mucho camino por recorrer. "Es cierto, pero sin cruzar esa puerta no se puede entrar al camino", me dice.

En democracia no hay atajos. Hay que abrir cada puerta, deshacer cada nudo, desatascar cada cerrojo. Repetimos, no queremos hacer pronósticos. Eso se lo dejamos a los expertos estadísticos. Esa no es nuestra función. La nuestra es liderar en el espacio que nos toca y compete este insigne proceso de participación y protagonismo ciudadanos. Poner a la disposición de la gente nuestras manos para la ayuda, para la facilitación. ¡Vaya si auguramos un lunes pleno de sonrisas! Las veremos en las colas yendo al trabajo, en los mercados, en las areperas, en los cafés y las panaderías. En los autobuses, los taxis, los mototaxis y los carros particulares. Sonrisas imborrables en caras de ciudadanos.

En el partido de gobierno emiten una norma prohibiendo a sus militantes el votar en las primarias de la Unidad. Curiosa orden. ¿Temían acaso en las alturas del poder que esos que alguna vez estamparon su firma en una ficha de adhesión en realidad no están convencidos, o se han desencantado, o su carácter de militantes ocurrió por presiones y amenazas veladas o abiertas? No sabemos. Pero llama la atención semejante instrucción. No sorprende, sin embargo, que, como de costumbre, haya una prohibición. La antidemocracia es experta en prohibir.

Invitamos a participar con entusiasmo. Y si hay algún temor, por demás válido dadas las capacidades vengativas de este gobierno, a ese miedo este domingo hay que meterlo en un cajón, para que no estorbe. Si no quiere entintarse el dedo, no lo haga. Esto no es cuestión de coraje. No es asunto de valientes. Sabemos que hacerlo le puede traer terribles consecuencias a muchos que trabajan en la administración pública nacional o en empresas regentadas por el gobierno. No habrá captahuellas y le aseguramos que los cuadernos serán destruidos. Toda evidencia será eliminada. Cuente con ello. De aquí no saldrá una lista pérfida y sórdida. Lo que no será borrado es el sentimiento democrático. Ese quedará tatuado para siempre.

Votemos el domingo. Serán nuestros dedos los que elijan. Porque de este lado de la acera no se admite un dedo único.

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Artículo publicado en El Universal

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